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  • Por qué Japón es un país extremadamente limpio pese a que apenas tiene papeleras y barrenderos

    Los estudiantes están sentados con sus mochilas en sus escritorios, ansiosos por ir a casa después de otro largo día de siete clases de 50 minutos.

    Pero llegan las últimas palabras del maestro: “Todos, a la limpieza de hoy. Las líneas uno y dos limpiarán el aula. Las líneas tres y cuatro, el pasillo y las escaleras; y la línea cinco limpiará los inodoros”.

     

    Unos cuantos quejidos surgen de la línea cinco, pero los niños se ponen de pie, agarran los trapeadores y cubetas de un armario en la parte posterior del aula y se van trotando a los baños.

    Escenas similares suceden en escuelas de todo el país.

    La mayoría de los visitantes que van por primera vez a Japón se sorprenden de lo limpio que está el país. Luego notan la ausencia de papeleras. Y barrenderos.

    Entonces se preguntan cómo es que se mantiene tan limpio.

    Sin zapatos

    La respuesta fácil es que los propios residentes lo mantienen así.

    “Desde la escuela primaria hasta la secundaria, la limpieza es parte del horario diario de los estudiantes”, dijo Maiko Awane, subdirectora de la oficina del gobierno de la prefectura de Hiroshima en Tokio.

    La inclusión de este elemento en el currículo escolar ayuda a los niños a desarrollar una conciencia social y orgullo de su entorno.

    ¿Quién quiere ensuciar una escuela si luego va a tener que limpiarla?

    Al llegar a la escuela, los estudiantes dejan sus zapatos en unos casilleros y se ponen zapatillas.

    En las casas, las personas también dejan sus zapatos de calle, en la entrada y se quedan con calcetines.

    Limpieza cotidiana

    Algunos ejemplos de limpieza japonesa extrema se han vuelto virales, como el ritual de limpieza de siete minutos de los trenes Shinkansen (trenes de alta velocidad que conectan todo el país), que se ha convertido en una atracción turística por derecho propio.

    Incluso los hinchas de fútbol en Japón son conscientes de la limpieza. En los mundiales de Brasil (2014) y Rusia (2018), los fanáticos de la selección nipona asombraron al mundo al quedarse después de los partidos para recoger la basura del estadio.

    Los jugadores también dejaban sus camerinos en perfecto estado.

     

    Escenas similares ocurren en festivales de música. En el Fuji Rock, el más grande y antiguo de Japón, los asistentes guardan su basura hasta que encuentran un contenedor.

    Gérmenes y bacterias

    Los ejemplos de conciencia social también abundan en la vida diaria. Alrededor de las 8:00 am, por ejemplo, los empleados de oficinas y tiendas limpian las calles alrededor de su lugar de trabajo.

    Los niños se ofrecen como voluntarios para recoger basura de las calles cercanas a su escuela y los vecindarios también realizan eventos regulares de limpieza.

    El dinero nunca se pone directamente en la mano de alguien. En tiendas, hoteles e incluso en taxis, verás una pequeña bandeja para entregar los billetes.

     

    Los gérmenes y bacterias son otra fuente de preocupación.

    Cuando las personas contraen resfriados o gripe, usan máscaras quirúrgicas para evitar infectar a otros. Este simple acto de consideración reduce la propagación de virus, ahorrando así una fortuna en días de trabajo perdidos y gastos médicos.

    Pero, ¿cómo se volvieron tan limpios los japoneses?

    Budismo zen

    El marinero Will Adams llegó a Japón por 1600, convirtiéndose en el primer inglés en pisar Japón.

    En la biografía de Adams, “Samurai William”, Giles Milton señala que “la nobleza estaba escrupulosamente limpia”, disfrutando de “alcantarillas y letrinas inmaculadas” y baños de vapor de madera perfumada en un momento en que las calles de Inglaterra “solían estar desbordadas de excrementos.

    Los japoneses “quedaban horrorizados” ante el desprecio de los europeos por la limpieza personal.

     

    En parte, esta preocupación nacía de cuestiones prácticas. En un ambiente cálido y húmedo como el de Japón, la comida se malogra rápidamente. Las bacterias florecen. Entonces, una buena higiene es sinónimo de buena salud.

    Pero la limpieza también es una parte central del budismo, que llegó de China y Corea entre los siglos VI y VIII.

     

    De hecho, en la versión zen del budismo, que llegó a Japón desde China en los siglos XII y XIII, las tareas diarias como limpiar y cocinar se consideran ejercicios espirituales, no diferentes de la meditación.

    “El libro del té”, de Okakura Kakuro, un clásico sobre la ceremonia del té y la filosofía zen que lo infunde, dice que en la sala donde se celebra la ceremonia del té “todo está absolutamente limpio. No habrá una partícula de polvo ni en el rincón más oscuro, porque si hay alguna, el anfitrión no es un maestro del té“.

    Okakura escribió esas palabras en 1906, pero aún hoy son ciertas. Antes de una ceremonia del té, verás al asistente del maestro frotando el piso con un rollo de cinta adhesiva, recogiendo cada mota de polvo.

    Entonces, ¿por qué no todas las naciones budistas son tan limpias como Japón?

    Sintoísmo

    Mucho antes de la llegada del budismo, Japón ya tenía su religión propia: el sintoísmo, que significa “El camino de los dioses” y que, según se dice, encierra el alma de la identidad japonesa.

    La limpieza se encuentra en el corazón del sintoísmo. Entonces, el énfasis del budismo en la limpieza simplemente reforzó lo que los japoneses ya practicaban.

    Un concepto clave en el sintoísmo es “kegare” (impureza o suciedad), lo opuesto a la pureza. Los ejemplos de “kegare” van desde la muerte y la enfermedad hasta prácticamente cualquier cosa desagradable. Los rituales de purificación frecuentes son necesarios para protegerse.

    “Si un individuo se ve afectado por el ‘kegare’, puede dañar a la sociedad en su conjunto”, explicó Noriaki Ikeda, sacerdote asistente sintoísta en el Santuario Kanda de Hiroshima. “Por lo tanto, la limpieza te purifica y ayuda a evitar las calamidades”.

     

    Los rituales de purificación abundan en la vida cotidiana. Antes de entrar en un santuario sintoísta, los fieles se enjuagan las manos y la boca con el agua de una fuente de piedra.

    Muchos japoneses llevan su auto nuevo al santuario para que un sacerdote lo purifique. El sacerdote también purifica a las personas agitando la “onusa” (una varita tipo plumero) sobre ellas. Incluso purifica los terrenos en los que se construirán nuevos edificios.

    Si vives en Japón, pronto dejarás de sonarte la nariz en público, utilizarás los desinfectantes para manos que dan a los clientes en tiendas y oficinas, y aprenderás a clasificar la basura doméstica en 10 contenedores diferentes para facilitar el reciclaje.

    Si regresas a tu tierra natal, te sorprenderás de los bárbaros que estornudan y te tosen en la cara. O pisotean tu casa con zapatos sucios. Impensable en Japón.

    *Este artículo es una adaptación de una nota original de BBC Travel, que puedes leer aquí.

     

    Fuente: www.bbc.com