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  • “La factura puede durar muchos años”, el costo para la izquierda latinoamericana de la situación en el país sudamericano

    Cuando cayó el Muro de Berlín y el bloque socialista de Europa del Este comenzó a desplomarse, el impacto político fue global.

    La mayoría de las naciones latinoamericanas, por ejemplo, transitaron prácticamente toda la década del 90 con gobiernos enfocados en el libre mercado, mientras los partidos de izquierda sucumbían en las urnas.

    Los profetas de El Capital de Karl Marx de aquel entonces comenzaron a “convertirse”; mientras que entre los “inamovibles” quedaba Fidel Castro y su Revolución Cubana, que en esos años pasó sus peores momentos

    Décadas después, un nuevo fenómeno político puede volver a influir en el tablero regional.

    Todavía no se sabe cuál será el desenlace de la crisis que atraviesa Venezuela, pero algunos analistas ya observan que la izquierda de esta región del mundo, de una u otra manera, comienza a pagar una factura por lo que viene pasando en tierra venezolana.

    Aunque, por otro lado, los defensores del gobierno de Nicolás Maduro rechazan que el péndulo político se detendrá en la derecha por culpa de la Revolución Bolivariana.

    La factura

    Hay diferentes criterios sobre cuál pueda ser el efecto de la crisis venezolana en los proyectos políticos latinoamericanos que se identifiquen como izquierdistas, populistas, con enfoque social, etc.

    Desde Nueva York, el profesor de la Universidad de Cornell Edmundo Paz Soldán señala que el impacto “puede durar muchos años” y que la causa principal de ello es la falta de renovación en la izquierda actual.

    “La factura ya comenzó a ser pagada y puede durar un buen tiempo. Mucho más si persiste en la izquierda actual el deseo de no renovarse”, afirma el escritor a BBC Mundo.

     

    El analista pone el ejemplo de lo que pasó en Colombia con Gustavo Petro, quien en su criterio es miembro de una izquierda diferente a la clásica, pero fue derrotado en 2018 acusado de “castrochavista”.

    “Sus antiguas muestras de apoyo a Hugo Chávez fueron utilizadas estratégicamente por sus rivales, a pesar de que intentó distanciarse de Venezuela en la campaña”, explica.

    Paz Soldán añade que la experiencia en Latinoamérica muestra que estos ciclos no son cortos” y que por eso el costo puede ser muy grande.

    “La erosión continua en Venezuela, y también en Nicaragua, puede quemar a toda una generación si no se renueva”, concluye.

    Diferentes niveles

    Para Juan Manuel Robles, escritor peruano, los niveles de afectación serán diferentes en cada país y tendrán que ver mucho las coyunturas de cada caso.

    El autor del libro “Nuevos juguetes de la guerra fría” (2015), pone por ejemplo a su país.

    “Más que una disputa clásica entre la izquierda y la derecha, habrá una polarización entre ladrones y gente que se vez más o menos honesta”, indica a BBC Mundo.

     

    Robles afirma que, en cambio, el efecto mayor lo vivirá Venezuela, “ahí sí va a ser total”.

    “En todos los países van a haber matices. Va a haber una afectación, claro que sí, pero por otro lado gobiernos con problemas como el de Mauricio Macri nos pueden mostrar que ese crédito se puede terminar muy rápido”, apunta.

    Robles añade que cree que en la mayoría de los países no se impondrá una visión totalizante “como quiere imponer la derecha y que se diga: ‘Maduro nos demostró que ninguna izquierda es válida‘”.

    “No hay evidencia”

    Bolivia es el país sudamericano que respalda con más fuerza al gobierno de Nicolás Maduro.

    El embajador de ese país en Caracas, Sebastián Michel, afirma que en ninguna de las elecciones recientes existe evidencia de que Venezuela hubiese tenido algo que ver con el resultado.

    “Por ejemplo, en Brasil se trata de un caso de acciones judiciales y parlamentarias irregulares contra el candidato Lula da Silva y antes con Dilma Roussef lo que incidió en la derrota y no el efecto venezolano”, afirma a BBC Mundo.

     

    Michel también resalta el caso de Ecuador, donde ganó el proyecto correísta ,”aunque después el presidente Lenín Moreno decidió ponerse en contra”.

    “Veremos qué es lo que pasa en este año, donde hay cuatro elecciones. En tres de ellas, Argentina, Bolivia y Uruguay, no se puede divisar una derrota segura de la izquierda”, añade.

    El embajador niega que el apoyo decidido de su país a la Revolución Boliviana le cueste votos a Evo Morales en las elecciones presidenciales de octubre de este año.

    Nos afectaría más reconocer al señor Juan Guaidó“, asegura Michel.

    El diplomático asegura que Bolivia “no se siente más sola” ante el cambio de signo político en algunos gobiernos, sino todo lo contrario.

    “El país está más afianzado en un mundo multipolar”, señala Michel y pone como prueba los acuerdos comerciales que ha venido firmando Evo Morales.

    Además, destaca el papel jugado por Bolivia, México y Uruguay como impulsores de una salida pacífica y concertada al conflicto entre el oficialismo y la oposición en Venezuela.

    La vieja izquierda

    Paradójicamente, Hugo Chávez y Venezuela tienen que ver con el último cambio de signo en la región.

    La Revolución Bolivariana comenzó en 1999 y significó el renacer para la izquierda en la región.

    En tiempos de vacas gordas, el mandatario venezolano ayudó a Cuba a superar la pesadilla del periodo especial e impulsó la carrera política de Evo Morales en sus difíciles primeros años de gobierno.

    También hizo tridente con Lula da Silva y Néstor Kirchner para derribar la iniciativa de un área de libre comercio continental conocida como ALCA, impulsada Estados Unidos.

    Después se puso del lado de Cristina Fernández, Rafael Correa, Dilma Rousseff y José Mujica.

    Entre todos ellos dieron a luz a alianzas regionales como la Unión de Naciones Suramericanas y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe.

    Sin embargo, para Paz Soldán “la actualidad está enterrando el buen recuerdo de la esperanza que muchos tuvieron en los primeros años de la Revolución Bolivariana”.

    Va a ser muy difícil levantar la bandera de Chávez en los próximos años de la misma manera que se alzó la del Che Guevara o Fidel durante tanto tiempo“, indica el profesor universitario.

    La nueva izquierda deberá tener nuevos símbolos y abrazar a otras causas como el feminismo, la ampliación del campo de derechos, la lucha contra la desigualdad o la agenda ambiental, asegura el escritor.

    “También deben erradicar el doble discurso y recuperar la defensa de los valores democráticos. Eso significa no desconocer referendos, como lo hizo Evo Morales en Bolivia”, concluye.

    El futuro de la izquierda

    Por su parte, la politóloga colombiana Marcela Prieto opina que casos como el de Venezuela van a producir que se juzgue y tome distancia con la izquierda clásica.

    “Para cualquier agrupación de izquierda, justificar lo que pasa en Venezuela va a ser un suicidio. Los nuevos grupos políticos que vemos no quieren parecerse al chavismo ni hacer otra Revolución Bolivariana”, señala la experta a BBC Mundo.

    Prieto indica que los nuevos movimientos buscan ser más reivindicativos, “con agendas que no le pertenecen a esta izquierda” como la ambiental o la de género.

    La politóloga afirma que, pese a que las fuerzas políticas emergentes están tomando distancia de sus predecesoras, el chavismo pervivirá durante mucho tiempo como fuerza política.

    “Chávez es visto como un mártir y una figura mítica entre muchos sectores de la población. Sí va a haber chavismo por mucho tiempo“, concluye.

    Mientras tanto, Juan Manuel Robles añade que Venezuela dejará otro efecto político para el futuro y que para muchos puede significar algo positivo.

    “Desde la Revolución Bolivariana que las izquierdas emergentes terminaron de separarse de la izquierda clásica latinoamericana, esa que estuvo marcada por todo lo que fue Cuba“.

    Un cambio que, según el autor, termina de divorciar a esta facción política con su versión del siglo pasado.

     

    Fuente: www.bbc.com